Centro Martin Luther King

Una semana mágica

Memorias del Taller Básico de Educación Popular en la región oriental

Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre

Paulo Freire

Gibara, la villa blanca y de los cangrejos, la ciudad tranquila que enamora con sus cubanísimas aguas, nos acogió durante una semana. Éramos 35, llegados de diferentes territorios de la región oriental, y hasta de naciones hermanas como Panamá y Bolivia; nos unían el deseo de aprender sobre la educación popular, el ánimo de compartir experiencias y visiones, la fe de aportar más a la construcción de este proyecto socialista y nuestro.

A muchos nos resultó muy difícil el traslado, por la distancia geográfica o los contratiempos del transporte, pero ahí estuvimos, ávidos de conocimientos, con el morral cargado de esperanzas y sueños, con las expectativas al límite, y tal vez sin imaginar el camino hermoso que sería el Taller Básico de Concepción y Metodología de la Educación Popular. Para serles sincera, a mi entender esta nomenclatura está muy por debajo de la esencia que encarna este espacio, del cual salimos convertidos en familia en movimiento.

Yohana y Loyet, con su cuota de responsabilidad que luego compartieron con todos y todas, fueron los coordinadores principales del encuentro, en el que no pocos nos aproximamos por primera vez a conceptos como integración o encuadre, y entendimos a profundidad la pasión que encierra la mística.

Fueron jornadas de construcción colectiva, de revisarnos por dentro, de reconocernos como dominadores o dominados en diversos momentos y lugares, de identificar en nuestra cotidianidad prácticas ajenas al bien común. Cobraron vida propia palabras como diálogo, ética, participación, horizontalidad, poder popular, emancipación, cambio social. El grupo, integrado por saberes y sentimientos individuales, se transformó en un único sujeto portador de una conciencia enriquecida, crítica, creadora.

El debate, la reflexión aguda, el examen constante, la unión del cuerpo con el sentir y los pensamientos, el encuentro con la identidad de la red de educadores y educadoras populares, dieron aliento a las horas que nos parecieron pocas, porque el tiempo nos parece más rápido cuando saboreamos y vivimos al máximo los instantes.

Hubo de todo un poco: tareas compartidas para cada jornada; iniciativas sorprendentes; poemas; audiovisuales; noche de canciones que nos desbordaron de risas, lágrimas y empatía; fiesta; dinámicas; juegos; baños en la playa y recorridos por la ciudad…Algunos se expresaron a través del arte, y afloraron los talentos ocultos en artes plásticas, en actuación, en música y baile. Cada quien puso de sí mismo, se hizo parte, entendió la necesidad de ejercitar el criterio propio y enriquecer la obra colectiva.

Así, poco a poco fuimos descubriendo la metodología, las cuestiones teóricas, a través de procesos diferentes y horizontales, donde cada uno fue protagonista, entendiendo, como decía Freire, que no hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión y que la educación no cambia al mundo, sino a las personas que van a cambiar el mundo.

Fuimos autores, artistas, soñadores, sanamente locos o locamente sanos, a quienes nos envolvió la magia de la Educación Popular, su savia transformadora y emancipatoria, y de allí salimos más comprometidos/as con nuestro pedacito y también con el proyecto que hacemos a diario; llenos/as de certezas y en busca de un horizonte posible.
Última modificación: 3 de abril de 2018 a las 15:39
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